Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adolescencia es la etapa que va entre la infancia y la edad adulta, concretamente de los 10 a los 19 años. Es un período vital que se estima apasionante e inquietante y que, además, conlleva cambios personales en diferentes ámbitos que trascenderán en el desarrollo como adulto. Éstos cambios implicarán: 

  • Cambios biológicos: estatura, peso, hormonales y capacidad reproductiva.
  • Un gran desarrollo intelectual que le permitirá evaluar las consecuencias de sus actos y aprender a resolver problemas.
  • Adquirir un gran autocontrol emocional: pasar de la confusión a la reafirmación personal (la identidad propia). Si esto no se consigue, aparecen trastornos de estrés que se deben consultar con un psicólogo especialista en ansiedad.
  • El desarrollo social: implica que pueda llegar a enamorarse y formar relaciones amorosas.

El  adolescente dispone de una capacidad física y cognitiva próxima a la de los adultos: percibe la vida como un conjunto de posibilidades todavía por explorar, carece de responsabilidades mayores y presenta una marcada tendencia a criticar a los adultos de forma radical, provocando así frecuentes enfrentamientos con sus padres, profesores y figuras de autoridad.

La adolescencia en nuestras sociedades del bienestar 

Entre los 10 y los 16 años el adolescente tiene una especial capacidad para distanciarse de la realidad inmediata y pensar sobre sus propios procesos psicológicos. Al principio, cae en un tipo especial de egocentrismo, caracterizado por creer que lo que a él le preocupa es también objeto de preocupación para los demás. Entonces, cree que los demás prestan tanta atención a su aspecto y a su conducta como él mismo se presta, anticipando continuamente cuáles van a ser las reacciones que producirá en los demás, como si estuviera en un auditorio imaginario. Su tendencia a pensar sobre sí mismo, a buscar su diferenciación y su coherencia, le lleva a contarse una historia sobre sí mismo basada en el convencimiento de que su experiencia personal es algo especial y único.

Estos procesos han pasado desde siempre, pero con pequeños cambios. A día de hoy…

  • Los adolescentes reflejan los cambios propios de esta etapa evolutiva, así como los cambios profundos de la sociedad en la que viven y que está en permanente estado de transformación. 
  • La familia ha dado paso a diversas estructuras organizativas
  • La escuela se debate en un binomio que parece irreconciliable, entre la acción de educar y la de limitarse a transmitir conocimientos.
  • La religión se ha convertido en periférica en un Estado Laico y se diversifica, constantemente, en diversas confesiones.
  • El Estado, a su vez, parece cada vez más sujeto al pulso de unos partidos políticos más preocupados por su rendimientos electorales que por su liderazgo moral y pedagógico de la sociedad a la que pretender representar.

La adolescencia en nuestras sociedades del bienestar se está convirtiendo en una etapa más larga y compleja, puesto que de forma progresiva se inicia cada vez con más antelación -dejando prácticamente sin espacio a la pubertad- y se acaba más tardíamente. Nos encontramos con jóvenes consumistas y capaces de marcar nuevas pautas de consumo que pueden alterar la economía familiar, lo que les hace objeto de deseo de las principales empresas del mercado (música, moda, belleza, deporte, tecnología, comunicación, ocio…).

Nuevos ciudadanos de la nación digital

Los adolescentes hoy día son protagonistas de nuevos fenómenos sociales, como el del ocio inacabable de las noches de fin de semana, la aparición de nuevos locales nocturnos, fiestas alternativas de ubicación diversa y cambiante, concentraciones urbanas por SMS para botellones u otros temas. Son hijos de Internet, son los jóvenes más informados de la historia: ya no son invisibles o inaudibles como las generaciones anteriores, sino que se han convertido en nuevos ciudadanos de la nación digital. Se relacionan poco con su entorno familiar, y cuando lo hacen es para discutir o cruzar monólogos difíciles de comprender. Cuando están en casa se recluyen en su habitación, espacio en el que disponen de todo lo necesario para vivir -móviles, videoconsolas, Internet, ordenador, televisión. En este sentido, sus cuartos se convierten en verdaderos apartamentos de alquiler gratuito donde pueden estar o tener relaciones con su pareja.

Algunos de ellos en su afán de hacer y tener dinero propio para conseguir todo cuanto les ofrece esta sociedad consumista, se convierten en pequeños comerciantes -a veces legales y otras ilegales, como cuando venden hachís, marihuana, cocaína o objetos robados. De hecho, saben que sus padres apenas consiguen que adopten comportamientos de corresponsabilidad familiar (bajar la basura, poner la lavadora, cuidar de su hermano, salir a comprar…) y que su única obligación que puede compensarlo es que aprueben el curso escolar.

El adolescente de hoy se ve inmerso en una nueva cultura donde el valor del esfuerzo se ha sustituido por el del ocio, el hedonismo , el egocentrismo y el consumismo. Esta nueva cultura si no se toma en serio y con corresponsabilidad, tanto de padres e hijos, acarreará conflictos escolares, consumo de drogas, restricciones alimentarias, déficits de sueño, comportamientos agresivos, abuso de Internet, compras compulsivas y abusivas, comportamientos de riesgo de carácter vial o sexual, entre otros. Por ello, estos padres pueden acabar desesperanzados, frustrados, culpabilizados y deprimidos al ver cómo han dejado de ser figuras de referencia para sus hijos. 

Objetivos a desarrollar por padres de adolescentes con dificultades

Para aquellos padres que se han encontrado o encuentran con un adolescente con dificultades les dejo estos consejos terapéuticos basados en aprender a escuchar reflexivamente lo que dicen y lo que querrían decir sus hijos:

  1. Poner límites: tareas domésticas, gastos, ocio, salidas nocturnas, horarios, etc. Hay que ser valientes y asertivos y saber decir NO.
  2. Ayudar a nuestros hijos a fijarse objetivos posibles y metas realistas, ajustadas a sus características personales.
  3. Elogiar el esfuerzo; no solo el éxito.
  4. Ayudar es darles un tiempo razonable para desarrollar sus tareas.
  5. Ayudarles a saber esperar: valorar el procedimiento bien hecho y no sólo el resultado del mismo.
  6. Estimularles a que no se instalen en su universo individual y que sean más generosos con iguales y familia.
  7. Estar al día de los problemas reales que viven y tienen que afrontar los adolescentes en la sociedad del consumismo y el bienestar.
  8. Usar más palabras y frases alentadoras que pongan de manifiesto nuestro interés por ellos.
  9. No sermonear sin prestar atención al momento y lugar. Prestaremos atención a cómo usamos las palabras sin caer en los sermones típicos y recurrentes.
  10. No dudar de que somos buenos padres; saber que se está sometido a grandes presiones sociales, laborales y económicas.
  11. Todo cuanto hagamos debe ser coherente y consecuente con nuestros valores  y actos.
  12. No juzgar a nuestro hijo precipitadamente sin antes recabar toda la información o escuchar su versión.
  13. No reírnos, burlarnos o ridiculizar su forma de pensar, vestir, comer, salir, etc.
  14. No tomarnos sus problemas a la ligera: para ellos sus problemas lo son todo. Debemos ayudarles a reflexionar y afrontar sus dificultades dejando que decidan y asuman las consecuencias de sus actos.
  15. Ayudarles a que tengan un espacio propio y personalizado, pero abierto al ámbito familiar.
  16.  No pretendamos saberlo todo o dar demasiados consejos.
  17. No pensar que nuestros hijos/as no pueden tener problemas de drogas, alimentación, gastos, sexuales, agresividad, relación social, etc. Ponernos una venda en los ojos no nos ayudará.
  18. Los valores de los actuales adolescentes quizá no estén difiriendo demasiado de los valores de los adultos que tienen a su alrededor, y quizás debamos todos hacer una autocrítica para ayudar a nuestros hijos.
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