El erotismo es un componente de la conducta humana y las zonas erógenas son aquellas partes de nuestro cuerpo que, al ser estimuladas, producen placer.  Es este deseo de volver a experimentarlo. El problema está en cuánto conozco a estas zonas. De hecho, la intensidad del placer varía de unos a otros: no existe una receta única, ni un mapa para el disfrute de las relaciones sexuales. El secreto está en el cerebro. 

Por ello, debemos abrir la mentalidad y innovar para probar cosas nuevas, o sea, explorar más nuestra propia sexualidad y nuestro placer. Debemos integrar la sexualidad en todo nuestro cuerpo, no solo en la genitalidad. También debemos ser capaces de trasladar al otro, de forma natural y abierta, lo que esperamos, lo que nos gustaría, y que el otro llegue a comprenderlo. Este concepto es la asertividad sexual, muy ligada al lenguaje, a la capacidad de expresarnos con nuestra pareja sexual. En realidad, el órgano sexual más grande son los dos metros cuadrados de piel que tenemos, sus terminaciones nerviosas, es decir, todos nosotros. Las zonas erógenas son como las cosquillas; hay partes que hacen gracia a uno y otras que no.

Vivimos en una era donde todo va deprisa, y por esto hay gente que va a clases de yoga, a hacerse masajes, etc. Si hiciéramos lo mismo con nuestro cuerpo, si nos explorásemos -no solo desde la masturbación, sino también en el mirar, sentir, ver-, seguramente descubriríamos un placer más allá de lo que estamos acostumbrados. En el sentir placer sexual hay meditación, porque se consigue practicando sexo en todos los sentidos.

¿Por qué las personas sentimos placer?

El placer es una necesidad, es algo que posee el ser humano por naturaleza y de hecho, algo que las grandes empresas farmacéuticas -y no farmacéuticas- desearían poseer porque así, nos lo vendrían. El problema es que muchas veces lo desconocemos y no sabemos como llegar a él. Por esto, exploramos: en nosotros mismos descubrimos dónde está el placer. El placer siempre ha existido, pero se ha llegado a él en función de la cultura en la cual el ser humano se ha desarrollado. Las civilizaciones antiguas nos han enseñado como se ha transmitido el erotismo. Por esta razón, nuestra sociedad actual -mayoritariamente católica- a veces nos presiona a dar cierta importancia a algunas prácticas sexuales por encima de otras.

El deseo sexual es responsabilidad de la de la dopamina y la testosterona, la hormona masculina por excelencia, aunque las mujeres también la tienen. Combinados ambos neurotransmisores nos llevan a esta fase de excitación. Por ello, en cierta manera en el placer sexual hay un componente agresivo: si no hay deseo, no hay excitación. Además, cuando se produce este placer sexual aparecen dos hormonas nuevas, que son la serotonina -la hormona del humor, del placer y la tranquilidad, que inhibe el enfado, la agresión, el apetito y el vómito y regula la temperatura- y la norepinefrina. Cuando se genera un vínculo de apego hacia alguien, se genera también un componente de calma, seguridad y unión con esta persona. Esta decisión es impulsada hacia las mujeres con una hormona llamada oxitocina, y en los hombres la vasotocina, y ambas producen sentimientos de intimidad y cercanía entre los amantes. Es decir, biológicamente, está todo previsto. 

El Punto G y de otros puntos también significativos

La exploración no solo se reduce en masturbarse, sino también en verse, entenderse y saber que tu cuerpo es mucho más potente de lo que pensabas. Por ejemplo, las mujeres son más sensibles a las zonas erógenas de forma más integral, pero comparten puntos en común con los hombres. En la civilizaciones prehistóricas, el hombre estaba acostumbrado a luchar y el contacto con los vínculos emocionales era escaso. En el momento en que se ha producido esta socialización, el hombre ha ido cada vez más entregándose y explorando estas zonas erogenas.

  • En el caso de los hombres, aparte del típico punto G, también hay el punto P, que se puede hacer a través de una estimulación digital -los dedos- o a través de utensilios, productos que nos sirven para estimular la próstata. En realidad, uno de los principales temas tabús sobre la sexualidad masculina es la estimulación del ano, no solo vista desde la perspectiva reproductiva, sino desde la parte erótica. De hecho, la estimulación prostática no está vista como una práctica social habitual en los hombres, aunque multiplica de forma exponencial el placer. Al estimular la próstata, la salida del semen es espasmódica; se la conoce como “fuente” porque se desborda por el edificio uretral de forma contínua. 
  • También existe el punto A, que se localiza a unos 7,5 centímetros de los labios vaginales, ubicado en la parte más interna de la vegina. Es una zona propicia para producir rápidamente el orgasmo y la eyaculación femenina. 
  • El punto K se encuentra en una zona más profunda, en el área del cuello del útero.  
  • El punto U provoca más placer aún y hace falta utilizar la lengua, la estimulación oral. A veces hay que separar los labios y a veces no, depende de la mujer.