Según la encuesta realizada por la Organización Internacional del Empleo en 2020,  el impacto negativo que ésta ha dejado en nuestras vidas ha sido sistemático, profundo y desproporcionado. Las mujeres , los jóvenes de menor edad y los jóvenes de países con ingresos más bajos son los que peor lo han pasado y aquellos cuyo futuro no tiene unas perspectivas muy positivas.

Ya antes de la pandemia, la crisis, la integración social y económica de los jóvenes  era un reto continuo . Ahora que estamos viendo los efectos devastadores de la pandemia si no se toman medidas urgentes, es probable que los efectos graves de la COVID-19 en el empleo , la educación, la salud mental, los derechos y el activismo social perduren en el tiempo y determinen graves consecuencias sociales ( aislamiento social, fracaso escolar, enfrentamientos sociales , paro etc..).

En España se han producido más de 3.000.000 millones de contagios y 70.000 muertos , el 80% de estos fallecidos han sido personas mayores de 70 años.  

Las consecuencias  económicas y sociales de la pandemia nos hacen ser pesimistas sobre nuestro futuro : está bajando la esperanza de vida de manera desigual, hay una gran brecha en el campo educativo ( personas con recursos y sin ellos) , el aumento del paro, el aislamiento social forzado y un sistema sanitario desbordado.

En todos los estudios gubernamentales se resalta de manera notoria  como la pandemia ha reducido en un 45% los ingresos de los jóvenes, sobre todo de los Millennials y la generación Z.

La situación económica de sobreendeudamiento de muchas empresas y gobiernos ha hecho que la inflación, por poco que pueda crecer, pueda llegar a marcar grandísimas diferencias tanto entre países  a nivel macroeconómico, como entre empresas a nivel microeconómico. En países como España hemos llegado, con la pandemia , a un endeudamiento récord de más del 120%  del PIB.  Aunando deuda pública y privada, hemos alcanzado un endeudamiento total de más del 250%  del PIB pulverizando la ya de por sí terrible marca de la crisis financiera del 2008.

El paro juvenil en las primeras semanas de la pandemia se situaba en torno al 25,2% , actualmente se habla ya del 33%. EL empleo que hoy un joven puede encontrar es segregado, precario, eventual y mal remunerado.  Si tenemos en cuenta  que los jóvenes han sido el colectivo con mayor riesgo de perder su empleo ante los ERTE.  La medida de los ERTE ha constituido sin duda alguna una medida positiva para ellos, la tasa de cobertura de las personas por desempleo de la población joven ha sido superior, por primera vez en años al resto de la población.  Si tenemos en cuenta que la población joven no configura un grupo homogéneo , ya que debajo de la etiqueta de joven subyacen enormes desigualdades por razón de clase social, géner,  procedencia o riesgo de discriminación, todos los cuales se encuentran aún más expuestos a la actual coyuntura económica.  Muchos de nuestros jóvenes se encuentran discriminados de hecho por el actual sistema contractual, frente a la población de mayor edad con la que comparte sector de actividad.

En los jóvenes concretamente a nivel de Salud Mental  se ha observado un aumento de la tasa en las solicitudes  de urgencias pediátricas y de atención primaria. Los principales problemas que están presentando como consecuencia de la pandemia son:

* Aislamiento social

* Distanciamiento Social

* Tentativas de Suicidio 

* Problemas de Conducta Alimentaria 

* Cuadros Depresivos ( irritabilidad e Incapacidad de disfrutar de las cosas com antes hacían).

* Trastornos de Déficit de Atención

* Conductas Adictivas : videojuegos, redes sociales, internet..

* Cuadros de Ansiedad

Es por ello que urge incrementar la inversión en Salud Mental , que según los datos  de la Organización Mundial de la Salud ( OMS) , supone solo el 5% del gasto total en sanidad , a la cola de Europa. España corre el riesgo de no contar con medios adecuados para detectar y mitigar los impactos en la salud mental en la crisis sanitaria, socioeconómica y educativa que la pandemia ha originado. La ausencia de una estrategia global, las diferencias entre comunidades autónomas , los problemas de coordinación y ausencia de una especialización en infancia y adolescencia dentro de las áreas de psiquiatría y Psicología Clínica no presagian un buen pronóstico para la salud de nuestros jóvenes y su futuro.

Las investigaciones realizadas hasta la fecha muestran una peligrosa relación de retroalimentación entre la enfermedad mental y la Covid-19. Las personas con una patología psiquiátrica previa, como agorafobia o trastornos Obsesivo-Compulsivos muestran una mayor agudización de la enfermedad mental en estos momentos . Urge una reflexión general para frenar el impacto en la vida presente y futura de nuestros jóvenes.

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